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Detrás de cada estancia internacional existe una obligación que muchas universidades deben asumir. En la movilidad académica, el aspecto más importante siempre será el de proteger la seguridad y bienestar de los estudiantes, a este compromiso se le conoce como duty of care. Aunque el término procede del ámbito jurídico anglosajón, su alcance se ha extendido a la educación superior europea, especialmente en los programas de intercambio y study abroad.
El deber de cuidado
El concepto de duty of care hace referencia a la obligación que tiene una organización de actuar con diligencia para prevenir daños previsibles a las personas bajo su responsabilidad. En el ámbito universitario, describe el deber de las instituciones de velar por la integridad física y emocional del alumnado, incluso cuando éste desarrolla parte de su formación fuera del país.
La naturaleza internacional de los programas académicos hace que ese deber no se limite al campus universitario. La institución asume el papel de garante indirecto de la seguridad de su comunidad estudiantil durante desplazamientos, estancias y actividades en el extranjero. En estas condiciones, no basta con compartir información genérica sobre el destino; la universidad necesita una gestión activa del riesgo y un acompañamiento real incluso antes de cada salida.
Responsabilidad legal y gestión del riesgo
El compromiso de las instituciones es jurídico y moral. Además de cumplir con la normativa del país de origen, también es importante observar las condiciones legales del lugar de destino. Ese doble marco requiere planificación y coordinación entre departamentos académicos, unidades de movilidad y servicios jurídicos.
Una parte esencial consiste en seleccionar socios institucionales confiables. Antes de firmar acuerdos con universidades extranjeras o proveedores de alojamiento, es imprescindible verificar sus medidas de seguridad, protocolos de emergencia y cobertura sanitaria. Al hacerlo, la institución demuestra diligencia razonable, un aspecto que puede resultar decisivo ante posibles reclamaciones legales. Además, la comunicación fluida con el estudiante desempeña un papel fundamental. Informar sobre riesgos locales, condiciones sanitarias, requisitos de visado y comportamiento responsable reduce la probabilidad de incidentes.
Abroad by Lodgerin ofrece precisamente ese refuerzo en la gestión del riesgo: un software de gestión de programas internacionales para universidades que centraliza la búsqueda de alojamiento verificado, con más de 90.000 unidades alquilables en distintos países, y añade servicios como asesoramiento de extranjería para permisos de residencia, gestión de incidencias y teléfono de emergencias 24/7 en un solo entorno. Esta solución facilita el seguimiento del estudiantado y reduce la carga operativa de los equipos de movilidad.
Casos que marcaron un precedente
A lo largo de los últimos años, varios litigios en Estados Unidos y Reino Unido han puesto a prueba el alcance real del duty of care en la educación superior. En algunos juicios, los tribunales determinaron que las universidades no actuaron con la prudencia exigible al no ofrecer instrucción suficiente sobre riesgos o al omitir medidas básicas de protección.
En Europa continental, aunque los marcos legales difieren, las instituciones siguen con atención esas resoluciones. Los departamentos de relaciones internacionales se apoyan cada vez más en asesores externos especializados en gestión de riesgos, conscientes de que un incidente puede derivar no solo en perjuicios jurídicos, sino también reputacionales. La transparencia en estos procesos y la existencia de protocolos verificables permiten mostrar responsabilidad institucional ante las familias y la opinión pública.
Cómo reforzar el deber de protección
Una universidad comprometida con el duty of care suele articular su actuación en torno a cuatro ejes.
- Formación previa al viaje: los talleres y sesiones informativas ayudan al estudiante a comprender las diferencias culturales, las normas de seguridad y los canales de asistencia. Un viajero informado responde mejor ante imprevistos.
- Protocolos de actuación: disponer de un plan de emergencia con contactos locales, servicios médicos y consulados agiliza la respuesta ante accidentes o desastres. Aunque muchos incidentes no pueden evitarse, sí es posible minimizar las consecuencias si existe un procedimiento claro.
- Cobertura y asistencia: un seguro amplio de salud y responsabilidad civil protege tanto al estudiante como a la institución. Algunos países exigen pólizas específicas que deben revisarse minuciosamente antes del inicio del programa.
- Seguimiento permanente: la tecnología ya permite mantener una comunicación constante mediante plataformas de geolocalización, aplicaciones de mensajería seguras o sistemas de notificación automática. Utilizadas con prudencia, estas herramientas refuerzan la confianza mutua y permiten intervenir a tiempo cuando surge una alerta.
Del cumplimiento normativo al compromiso ético
Cumplir con el duty of care también refleja una visión moderna de la educación internacional, fundamentada en la responsabilidad social y la gestión consciente del riesgo. Al tratarse de un acompañamiento incluso a la distancia, el bienestar de los estudiantes pasa a ser una extensión de la misión institucional. Por ello, acompañar al alumnado en su experiencia transmite una cultura de cuidado que va más allá de lo jurídico.








